Domingo de Ramos

 

 “¡Hosanna!… ¡Crucifícalo!”

 

 

En la Semana Santa, se celebran los misterios de salvación realizados por Cristo, en los últimos días, desde su entrada triunfal y mesiánica en la ciudadd de Jerusaén.

 

La Semana Santa comienza con el domingo de Ramos de la Pasión Señor, que une el triunfo de Cristo -aclamado como Mesías por los habitantes de Jerusalén y hoy en el rito de la procesión de las palmas por la comunidad cristiana- y el anuncio de la pasión con la proclamación de la narración evangélica en la Misa.

 

Los ramos no son algo así como un talismán, ni un simple objeto bendito, sino el signo de la participación gozosa en el rito procesional, expresión de la fe de la Iglesia en Cristo, Mesías y Señor, que va hacia la muerte para la salvación de todos los hombres.

 

Por eso, este domingo tiene un doble carácter, de gloria y de sufrimiento, que es lo propio del Misterio Pascual.

 

Procesión de Ramos: 

 

Mc 11,1-10: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”

 

Para orar: Prefacio Domingo de Ramos.

 

Cristo, siendo inocente, 
se entregó a la muerte por los pecadores, 
y aceptó la injusticia 
de ser contado entre los criminales. 
De esta forma, al morir, 
destruyó nuestra culpa, 
y, al resucitar, 
fuimos justificados.